dimarts, 30 de maig de 2017

POSICIONAMIENTO DE LA SEPCyS ANTE LA PROPUESTA DE ITINERARIO GRADO – MPGS- PIR


Desde el año 2012, el debate sobre el itinerario Grado – Máster PGS – PIR ha producido un volumen importante de literatura: artículos en revistas científicas, revistas profesionales, y pronunciamientos de diferentes instituciones y asociaciones científicas y profesionales. Cinco años después, podemos afirmar que poca claridad se ha alcanzado en el proceso. Los argumentos a favor y en contra del itinerario se acumulan, sin que se alcance un consenso claro, y sin que aparezcan argumentos definitivos o irrevocables por su capacidad de persuasión de unos y otros. Ejemplos de esto serían el recurso a la comparación con las disciplinas que dan acceso a procesos formativos desde el grado (Biología, Químicas, Física) y su contraposición con el acceso desde el grado más máster de Medicina que han hecho, respectivamente, detractores y promotores del itinerario, la comparación con Europa, donde con tranquilidad cualquiera puede elegir cuatro o cinco países que avalen una tesis sobre el itinerario y otros tantos que avalen la contraria, o el número de estudiantes, que según a quién se pregunte son demasiados o demasiado pocos. 

Como estudiosos de la psicología, y quizá más aún en tanto en cuanto psicología clínica, todos deberíamos ser conscientes de que la función de un argumento es en muchos casos más importante que su valor de verdad o su consistencia lógica. Numerosos autores (Damasio, Lowenstein, Pfister) han puesto de manifiesto el papel de las emociones en la toma de decisiones, y el efecto de las expectativas sobre las mismas. Sin embargo, los psicólogos parecemos estar fallando a la hora de orientarnos a los elementos emocionales que subyacen a nuestros propios posicionamientos, y como en el proverbio miramos el dedo cuando se señala la luna, persistiendo en una lucha dialéctica que convence poco y desgasta demasiado la imagen de la profesión. 

La incómoda realidad es que muchos de los actores en el proceso defienden unas y otras posiciones, en buena medida, por miedo, por inseguridad por el propio nicho de trabajo (presente o futuro), y por una noción de injusticia en la manera en la que unos y otros se sienten tratados, que llega a los niveles de agravio, sino de insulto. Es complicado pensar que una solución satisfactoria pueda llegar sin abordar estos aspectos. Es aún más complicado pensar que una solución viable pueda llegar a satisfacer plenamente a todo el mundo. Pensar que una solución pueda pasar por la subordinación sin más de una posición a la otra, y que ello habría de ser bueno para la profesión, es directamente impensable. 

Así, por ejemplo: